Me da pereza ser mujer

Todo surgió porque el día iba bien hasta que recordé que tenía que rasurarme las piernas. Broer, mis piernas, no son cualesquiera piernas, son tucoepiernas, es decir, más para rasurar. Entonces reflexioné sobre qué estaba haciendo con mi vida y llegué a la conclusión de que me da pereza ser mujer. En otra vida fijo fui hombre y todavía no lo quiero dejar ir.

Muy aparte de los síntomas de la menstruación, está el cambio de toalla o tampón. ¿Te baja como catarata? Jodido, eso es tour al baño 24/7 (gracias al Dios de los ovarios yo no padezco eso). Esas son las que preguntan a cada rato si es que están manchadas. O sino te llega antes de tiempo y debes andar preguntando por una toalla. Grandes épocas.

Las matrimonios −y otras reuniones fancy− para rematar salen caros y mucho más si no quieres repetir un vestido aunque no te lo hayan visto (a mí me vale). Creo, y digo creo porque no tengo amigas normales, que la mayoría alquila, y esa probadera de ropa… terrible, yo la odio. Nos gusta vernos regias devejencuando y eso implica calarte la pereza para pasar horas en la peluquería. Hablo por mí, porque hay quienes aman que le anden en todo lo que es las mechas, la cara, las uñas, etc.; yo no lo disfruto, soy ansiosa y quiero ver el resultado final sin que me anden toqueteando, además me da pereza el small stalk en la peluquería (en donde sea, actually, soy feliz en el silencio). Todo esto para terminar sudada en la pista de baile, eso no me da pereza. Tengo un máster en perder el glamour, bailar descalza y comer dulces sin vergüenza.

La vagancia me obligó a embrace my churros desde que salí del colegio. Antes me cepillaba y/o planchaba todos los días para salir a cualquier lado. Como soy torpe para las cosas de mujeres, obviamente no sabía hacerlo ágilmente y me demoraba más de una hora tratando de llevarle la contraria a la naturaleza. Poco a poco comenzó a darme pereza hasta que lo acepté y ahora amo mi melena, I’m as free as my hair. En el exterior se refleja tu interior, creo en eso, y conforme fui asentando cabeza, madurando y warevs, se dio esa aceptación. La pereza fue la excusa terrenal. Ya me puse mística. Entonces: veo mujeres que deciden madrugar para pasarse la plancha y, omg, mi alma vaga se pone inquieta. Ojo, no tiene nada de malo, pueden simplemente preferir ser lacias.

Le siguen microperezas como maquillarse (he realizado dos cursos gratis de automaquillaje y sigo sin entender cómo se hace, te dije que era torpe), desmaquillarse, ponerse cremas, usar sostén, depilarse la cara y las partes nobles, peinarse, usar tacones, y más deeps como soportar celos irracionales, friendzonear, posar para las fotos, vivir. Paro. Y eso que no estoy casada ni con hijos… La que me espera.

Me gusta ser mujer. Lo que me da pereza es lo que la sociedad a lo largo del tiempo ha determinado lo que hace a una.

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