Mi primer viaje a Perú

Hace más de un mes tuve la oportunidad de visitar Perú, un país que me dejó con la pica de seguir conociéndolo. Todo fue por nuestra cuenta, no contratamos paquetes turísticos. No me gusta tener un guía que me diga cuándo comer y cuánto tiempo tengo para tomar fotos. Entre más dueña de mi tiempo sea, mejor. Lo jevimetal fue el cansancio: le metimos tanto turbo al turisteo que las piernas y rodillas me pidieron un stop. Pero así son los viajes que más disfruto, intensos y que te dejan sin aire —en este caso, literal—.

Ica y Huacachina

Ica es una ciudad a cuatro horas de distancia de Lima que guarda el único oasis de Latinoamérica: Huacachina. Para llegar, tomamos un bus de Cruz del Sur, cuyos tickets compramos en su página web.

Nuestro bus era el de las 07:00. Me confundí de hora de salida pensando que era 05:55 y tuvimos que esperar. Menos mal teníamos capítulos descargados de Netflix en el celular y un adaptador para conectar dos audífonos en un mismo puerto.

Cuando llegamos a la estación de buses de Ica dimos vueltas a pie por los alrededores. Nada sorprendente: una ciudad con pinta de pueblo pequeño, comedores, un poco de basura y olor a meado, tricimotos y muchas personas tratando de vendernos tours de forma insistente. Te persiguen si los ignoras, mejor recházalos firmemente.

Tomamos un taxi hacia Huacachina. No nos terminábamos de bajar y ya teníamos un pana vendiéndonos sus dos últimos puestos en el buggy, los cuales aceptamos porque estaban a un precio razonable, menos de $10 por persona (también se debe pagar un pequeño valor adicional para entrar al oasis).

Con las mochilas amarradas a las piernas, comenzó el bailoteo sobre las dunas. Una palabra para describirlo: increíble. A mitad del camino nos detuvimos para fotografiar y hacer sandboarding. Panza a la tabla, piernas arriba y adiós. Luego nos parqueamos a una distancia moderada para apreciar la laguna. Finalmente, regresamos al punto de partida con arena hasta en las entrañas. Recorrimos los locales, descansamos y fuimos a un centro comercial a hacer par compras hasta esperar el bus de regreso al atardecer.

Lima en 1 día

Soundtrack: Lima – La Bicicleta de Alan

Iniciamos la travesía en Manolo, un lugar conocido por sus churros. Los pedimos con chocolate, recomendado. Luego de empalagarnos, pasamos por café en Dunkin Donuts y avanzamos en taxi a Barranco, una zona pintoresca, acogedora y bohemia con arte urbano y una vista interesante hacia el mar. De mis lugares favoritos.

Caminamos hasta llegar a una estación del Metropolitano, el equivalente a nuestra Metrovía. Husmeamos un poco, pedimos indicaciones para llegar al centro comercial Larcomar y conseguimos que nos prestaran una tarjeta para ingresar. Era un horario suave, por lo que estaba casi vacío. Recorrimos Larcomar para evaluar nuestras opciones, el estómago era quien mandaba. Nos decidimos por Popular y disfrutamos mucho la comida.

Continuamos el camino a pie hasta llegar al Parque del Amor, un lugar con una escultura de dos personas besándose rodeada de colores y frases a punta de mosaicos acariciados por el viento. Me hubiera gustado sentarme en el césped a contemplar la existencia, pero nos faltaba por recorrer todavía lo más emblemático de la ciudad: el centro histórico, una plaza grande con catedral, pileta y turistas. Paseamos hasta morir de cansancio y de noche, por supuesto, fuimos al Circuito Mágico del Agua del Parque de la Reserva. Con fuentes de diferentes tamaños y luces de colores, el circuito da un majestuoso espectáculo por sí solo. En el parque también había un… Prepárense… ¡Tagadá! Nos instalamos a sapear la tragedia de esas pobres personas y me dio el ataque de risa más intenso que he tenido ever, lloré tanto que creo que mi novio por un momento dudó si era de risa o tristeza.

Para terminar la noche, pese al cansancio, fuimos a la Calle de las Pizzas, una linda y conocida peatonal con bares y restaurantes.

Después pasamos por un supermercado 24/7 para comprar pan, queso y yogurt para el desayuno, pero cuando llegamos al depar nos dimos cuenta de que dejamos el pan en la caja… Por suerte teníamos un buen stock de galletas que llevamos desde casa.

Machu Picchu y Huayna Picchu

Tomamos un avión de Lima a Cusco, llegamos en la tarde a dejar las maletas en el hotel para por las mismas ir al centro histórico para almorzar/cenar. Nos decidimos por Mistura Grill y no nos arrepentimos. Muy, muy bueno. Por otro lado, mis piernas y rodillas seguían cansadas otro nivel, así que decidimos entrar a un spa a recibir un masaje completo relajante, terapéutico y con piedras calientes. Me salvó la vida.

Esa noche caminando hacia el hotel, paramos en un local de souvenirs. Tenía tanto mal de altura que se me bajó la presión, estuve a punto de desmayarme, pero la doña del local me puso un líquido en las manos, me dijo que aplaudiera fuertemente y que lo inhalara. Me revivió. Era ruda. No la señora, el líquido era la planta “ruda” mezclada con alcohol.

A la mañana siguiente salía nuestro tren hacia Aguas Calientes, el pueblo de Machu Picchu (MAPI). Compramos los tickets en la página web de Inca Rail para salir desde la estación de Poroy a 20 minutos de Cusco. Tuvimos una suerte de perro: justo nuestro vagón se averió en la madrugada y nos mandaron en bus hasta una estación más adelante para transbordar a un nuevo vagón. En fin… Nos hicieron un reembolso.

Llegamos, compramos el ticket de bus para subir y nos embarcamos (La entrada a la ciudad inca ya la teníamos comprada desde hace meses por aquí). Lo primero que teníamos que hacer era encontrar el camino hacia Huayna Picchu —montaña redondita y grande que aparece atrás de MAPI en todas las fotos—. KHÉ! Sí, subimos esa montaña. Toda, todita. Nos hicimos 2 horas y media entre subida y bajada, fue una sacadera de madre para mí que no estoy en forma, se me iba el aire. Sin más… ¡Una vista espectacular! No apta para quienes le temen a las alturas o sufren del heart. Importante llevar repelente, bloqueador, gorra, poncho por si llueve y ropa cómoda.

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Machu Picchu desde la cima de Huayna Picchu

Al bajar de la montaña te obligan a salir de MAPI, el ticket te permite entrar dos veces. Aprovechamos ese momento para almorzar porque no se puede comer adentro (igual lo hice a escondidas, lo siento, no pude soportar el hambre, fue un inocente snack). De ahí volvimos a entrar y ahora sí para disfrutar de Machu Picchu. Pura piedra, como diría mi mamá. Las fotos hablan por sí solas. Fue una experiencia única. También avanzamos por el camino que lleva al Puente Inca. Suave… Eso no fue la gran cosa. Igual disfrutamos el sendero.

Los baños están afuera de Machu Picchu, debes ir antes de ingresar o al salir, en su defecto. Pero lo más importante es que cuestan: me metí sin darme cuenta, no pagué. Luego mi novio me dijo que había una chica en el counter que me gritó por haber entrado sin pagar.

Cusco en un 1 día 

Primero lo primero: el desayuno. Dimos con un lugar riquísimo y a buen precio: JC’s Café. Satisfechos, emprendimos un museo tour: Choco Museo, Museo del Café, el Museo Inka y otro que no recuerdo. En el camino a ellos pasamos por la piedra de los doce ángulos, una piedra tallada de forma perfecta en un mural inca. También cargué una baby alpaca. Miau.

Cobraban por las fotos con las alpacas, y bueno, le pagué bien a una y le dije que le repartiera al resto. Juran que lo hizo… Las otras saltaron a pedir su propina también y, nada, me fui. Pequé de inocente y ellas de ratas.

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Almorzamos en un restaurante llamado Pachapapa, donde nos emocionamos y pedimos entrada y segundo plato. La cuestión es que las entradas parecían segundos platos. Una vez más, la comida de Perú nos alegró el estómago (aparte de que probé la limonada de coco con hierba luisa más buena de la vida). Estábamos cansados. Después de almorzar, regresamos a descansar al hotel porque en la noche queríamos tener energía para cenar en Papacho’s, un conocido lugar de hamburguesas con una decoración bacansísima.

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Para concluir:
1) Revisa siempre el clima antes de ir y preve todos los escenarios posibles. 2) No escojas hotel con desayuno incluido porque querrás probar la comida afuera. 3) Evita comidas de carretillas o comedores populares, comí los llamados “picarones” en Lima y se me aflojó el estómago jevimetal, tuve que comprar pastillas. 4) Lleva medicina para el dolor de cabeza, dolor muscular, mareo y acidez por si acaso. 5) Toma té de coca en bomba para el mal de altura. 6) ¡Disfruta! Definitivamente, uno de los mejores viajes de mi vida. 7) Casi me olvido y me dio pereza cambiar los números… Agua, lleva agua a todos lados y un cargador portátil para el celular.

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