Los gordos no solo comemos, también callamos

Soundtrack: All About That Bass – Meghan Trainor

Te quiero contar cómo ha sido mi proceso de aceptación en relación a mi cuerpo y algunas de las situaciones por las que he pasado, unas más vergonzosas que otras. Es mío, es íntimo, es importante compartirlo.

#MomentoIntelectual
Es gracioso cómo el lexema de gordo es gordo también: G O R D.
Y el de flaco, flaco: F L A C.


De niña era obesa y no lo sabía.
Lo mismo me pasó con la miopía: no sabía que era ciega hasta que una profesora me lo dijo —vamos, no era secreto de estado, me sentaba al final del salón y podían confundirme con una asiática: blanca y achinada—. Regresando al tema, me enteré de que era gorda entre los 10 y 12 años en una clase de educación física, era día de peso y estatura. La profesora hacía públicos los resultados de forma despectiva, súper pedagógico. “Valeria, 120 libras”… ¿Cómo yo, que tenía la misma edad que el resto, podía pesar casi el doble que mis compañeros? Observé, comparé y saqué conclusiones.

  • Aparte de gorda, vaga. En educación física evitaba participar: en la fila para realizar algún ejercicio, me regresaba al final para que nunca me tocara, me fugaba al baño, me hacía la enferma para tomar agua de manzanilla, faltaba a clases todo el día y me inventaba deberes para quedarme en el salón. Lo cierto es que no quería hacer el ridículo.
  • ¿Alguien recuerda el parque de juegos inflables que estuvo por un tiempo atrás del Mall del Sol, con salta saltas gigantes, resbaladeras, etc.? Había un circuito de obstáculos y uno de ellos era atravesar túneles diseñados para niños flacos, yo me quedé atrapada y lloré sin que mi familia me viera.
  • Aprendí a caminar por mi casa para voltear los portarretratos donde yo salía. Mi mamá los volvía a poner en su lugar. La mayoría del tiempo lo hacía porque venían visitas y no quería que supieran que era gorda (¿AH?…).  Luego me puse las pilas, las rompí y boté a la basura.

A los 13 años me llegó la menstruación y como arte de magia, literal, bajé de peso. No hice es nada. Adelgacé a vaca, #turupshh. A partir de que me hice mujercita, comencé a ser menos introvertida. Ya estaba en el colegio y hablaba en clases, tenía más amigos y bla, etc., warever. Nunca más volví a ser obesa, pero mi inseguridad era la misma. No era/soy flaca, sino llenita como dicen, ¿entonces? Me sentía fea.

Imagina por un segundo no poder verte en el espejo por vergüenza a ser como eres físicamente. No es bonito.

Me parece curioso que en la época universitaria ya era extrovertida, pero me ponía nerviosa ver en el baño a chicas flacas, bonitas y aparentemente seguras de sí mismas admirándose en el espejo, cosa que antes yo no podía hacer. Me hacía bajar la cabeza y querer salir corriendo, era una tortura real. Además, pensaba que se burlaban de mí. “¿Por qué yo no soy cómo ellas? ¿Qué hice para ser así? ¿Algún día podré salir bien en las fotos?” eran preguntas que me repetía constantemente. Además, chisme, me enteré por un familiar de mi pareja en ese entonces que me quería cortar porque había engordado un poco y “no era la misma Valeria”. Para no dejarlos en ascuas: nunca supo que me contaron eso y como no tenía los huevos que tengo ahora, no me defendí ni con el familiar.

Soundtrack: Anklebiters – Paramore

Un día le pregunté a mi abuelito Carlos cuál era el secreto para estar en tan buena forma, era un señor de 80 años que parecía de 60. Su respuesta fue: “El ejercicio, mijita, nadé nisecuántos años”. Al día siguiente me inscribí en un gimnasio para ejercitarme por primera vez voluntariamente. Esa conversación fue el primer paso para mi cambio de estilo de vida. A esto se le suma el apoyo de talleres de actitudes y transformación personal que empollaron los huevos que mencioné hace poco.

Comprendí que ser gordo no significa nada si lo decides. Los flacos también tienen los mismos problemas de autoestima.

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—Ya pues Valeria, solo subes fotos del mismo shoot.
—Es que me da pereza tomarme otra 😦
—Otra vez estás hablando sola…

Con compromiso y objetivos claros puedes llegar a verte como quieras, pero que tu motivación sea positiva, no negativa. Hazlo por tu salud. Por ti. Porque te quieres y quieres lo mejor para tu cuerpo, obviamente te quieres ver regio/a. Come sano y date gustos, ten límites. Y si no lo vas a hacer, no te quejes y embrace la guata. También busca cualquier tipo de ayuda como lo hice yo porque de esto no siempre se sale solo. Siempre hay una mano para ti. Estoy donde estoy luego de haber pasado por tiempos casi anoréxicos y haber probado pastillas milagrosas y tratamientos/dietas que funcionan por tiempo limitado. Y quizá hasta vuelva a recurrir a ello en algún momento porque es el camino fácil, who knows.

Por favor, que quede claro que no soy una eminencia del health coaching, yo tampoco le meto ñeque ni me veo como quisiera, es difícil comprometerse a largo plazo. Estás leyendo a la que dice “todo lo que sube tiene que bajar” antes de comerse un negrito para romper la dieta y la que participa en todos los concursos que involucren comida. Tengo blusas que no me quedan bien, mis piernas parecen almohadas, la papada me delata, me sumo la panza y tengo brazos de camionero. Antes también, la diferencia es que ahora me gusta verme al espejo. Todavía trabajo sobre mi inseguridad, nada es de la noche a la mañana, es un día a la vez.

Escribo esto sin camiseta, jugando con mis rollos al aire porque son parte de mí y tengo claro que no me definen.

Para concluir: 
1) Si fuiste o eres gordo y te sientes inseguro, busca apoyo. 2) Acepta tus destellos y demonios. 3) Perdónate y no te sientas culpable por ser gordo. 4) NO siempre se es gordo solo por comer mucho, a veces es genético o por problemas de tiroides, ve a un médico para descartar posibilidades. 5) Si eres padre de hijos pequeños, estás a tiempo, ¡NO permitas que coman huevadas! SÉ responsable, por favor. 6) No jodas al gordo por gordo, no sabes lo que calla. 7) Nunca le digas a un gordo que se ha engordado, nadie lo sabe más que él. Y si notas que ha adelgazado, díselo.

2 comentarios en “Los gordos no solo comemos, también callamos

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