Reto personal: 30 Días de Escribirme

Una amiga me compartió el perfil @escribirme.blog en Instagram, es de Aniko Villalba, síganla también. 🌟 Exploré la página web de escribir.me hasta encontrar un reto de 30 días que consiste en escribir, escribir y escribir. Puedes revisarlo aquí. Son 30 consignas con disparadores para escribir sobre un tema en específico. Hoy, 11 de julio de 2019, decido iniciar el reto y espero terminarlo el 9 de agosto (alguien dígame que está bien esa fecha, no sé contar).

En este post iré actualizando cada día los ejercicios resueltos. Me costó hacerlo público, sabes? Por 1) Vergüenza. 2) No lograrlo. 3) Miedo a escribir feo. 4) (Quiero poner otra excusa, pero ya no se me ocurre, sigo esperando algo que me ayude a autosabotearme). Pero me pondré en evidencia, así que ya nada, aquí voy. Qué es lo peor que podría pasar?

Write without fear. Edit without mercy.

Día 1: escribí acerca de por qué escribís

Después de un largo rato de incertidumbre, de escribir y borrar palabras hasta encontrar el inicio perfecto, me decido por empezar de esta forma. Nada perfecta, debo acotar. Escribir lo que pienso inmortaliza mis pasiones, me puede. Me enfrento a un oasis de terror, la pluma suda sin encontrar su objetivo y no hago más que dudar. “Quisiera escribir bonito”, pienso, un error que acepto y mantengo con necedad. Diseño textos como ejercicio de introspección, para construirme en reflexiones y miedos superados en distintas tonalidades con la tinta regada y las manos manchadas. Escribo para y para recordar que en la vida no tengo nada, que todo es perecedero y lo único que quedará de mí es un paño de alusiones. (Julio 11)

Día 2: escribí un fragmento de tu autobiografía y mentí en algunas cosas

Con tan solo 5 años de edad, mi creatividad ya volaba en libros rayados a escondidas de mis padres. Tenía un cuaderno donde hacía diseños de moda: inventaba trajes, accesorios, dibujaba vestidos estrambóticos como mi mente y zapatos que nunca llegaría a usar. “Mi hija será diseñadora de modas”, exclamaba mi madre hasta mis 18 años. Pero terminé siendo lo que hasta ahora me preguntan qué es que mismo hago, redactora creativa. Escribo en diarios y soy feliz.

Para llegar a hoy pasé por una senda empedrada, de esas que entre bloques crece hierba mala, que me consumía el nulo amor propio que me tenía. Viajo todos los años desde que aprendí a preparar café, conozco lugares y personas con nombres que hasta ahora no puedo pronunciar. Pasé por algunas relaciones, unas buenas, otras burdas, sin ganas de arrepentirme. La vida me dio vuelta después de hacer un curso de autocoaching que recuerdo como si hubiera sido ayer. Poco a poco fui aceptándome, haciéndole frente a la vida y fluyendo con las causalidades. (Julio 12)

Día 3: desde donde estás sentado, escribí diez cosas a las que no les habías prestado atención

  1. El respaldar de mi cama está frío
  2. Hay grietas en una pared de mi cuarto, espero que no sea grave
  3. Hay un incienso sin envoltura botado en mi velador principal
  4. En mi escritorio está el bolso que hace una hora estaba buscando
  5. Los tacones de mi mamá están sobre una mesa desde hace tres semanas
  6. Hay manchas en forma de círculos en el segundo velador
  7. Tengo pastillas en el velador que no tengo idea para qué son
  8. Las tres pequeñas repisas no están alineadas
  9. Tengo un rasguño en mi rodilla que no sé de dónde salió
  10. El blanco de mi cama es distinto al del clóset (Julio 13)

Día 4: exponé una de tus obsesiones

Estuve cinco minutos tratando de decidirme por una obsesión. Hice una lista de diez obsesiones para visualizarlas y tratar de elegir una porque el enunciado dice: “UNA”. Pero mis ganas de escribir sobre todas me gana. Y descubrí que estaba empleando dos obsesiones a la vez. Si me indica exponer UNA obsesión, pero quiero hacerlo sobre todas, estoy “dañando” el ejercicio. Es mi OCD hablando, no yo, que cuenta como la obsesión principal. Mencioné que hice una lista: otra de mis obsesiones. Hago listas de palabras random que me gustan, de lugares, libros, cosas que debo llevar en mi maleta, pros y contras para tomar una decisión importante, etc. Esto nada más y nada menos que en otra de mis obs (las llamaremos así para honrar a otra de mis obsesiones: crear apodos a las cosas y personas): las libretas. Tengo un cajón lleno de ellas. Distintos tamaños, colores y sabores. Hablando de sabores, tengo dos obs que se contradicen, es una lucha constante que no puedo evitar: el dulce y mi cuerpo. Quiero ser delgada, pero cómo lograrlo si me gusta comer cucharadas de manjar y si elijo las tortas que tienen mínimo un centímetro de grosor de manjar en el medio que embellecen dos coquetos colchones de chocolate. Lo contrarresto con café sin azúcar, todas las mañanas en cualquier temperatura y presentación porque nunca se le dice que no, al igual que… Entrar a una librería y comprar un libro de humor grafico. Siempre salgo con un libro o dos. No, no te preocupes, por supuesto que me di cuenta de que “gráfico” no tiene tilde, lo hice adrede para tratar de superar esta obs de escribir bien. Pero lo que más me duele es cuando tildan “ti”, por ejemplo: “A tí te gusta correr”. Debo enfatizar que al escribirlo no le puse tilde, se la coloqué después para fines educativos. Al igual que “gráfico”. Se la quité luego, no me sale eso de escribir sin ellas. Y para finalizar, una última obs: mantener puertas y cajones cerrados. No soporto verlos ni un poquito abiertos. Cuando voy a otras casas me tomo la libertad de cerrar hasta el anaquel de la cocina. Estamos de acuerdo con que esto va de la mano con el OCD? (Julio 14)

Día 5: escribí el último sueño que recuerdes

Me encontraba con mi amiga Gabi en Las Empanadas de Chabuca, que claramente no lo eran: estaban en otro lugar, no tenían ese logo y era un local más barato, más de ‘calle’. Teníamos poco tiempo para elegir qué sabores pedir, hasta que encontramos un combo de cuatro empanadas por $2 (los sabores ya venían seleccionados). 🥟 Antes de pagar, noté que el cajero era el padre de un ex. Lo saludé, me recordó y procedió a realizar el cobro hasta que… “Espere! Puedo cambiar la de piña por otra?”… Y me dijo que sí. Casi la cagamos, ni a Gabi ni a mí nos gustan las empanadas hawaiianas. 🍍 Nos fuimos y de ahí recuerdo estar tomada de la mano con Héctor mientras subíamos los escalones de un estadio. Era el Capwell, pero asimismo, no lo era realmente. Iba a jugar Emelec y nos sentamos a esperar. 💙 Luego nos gritó un hombre que nunca en mi vida he visto que resultó ser sobrino del cajero. Nos estaba rogando que le vendamos droga y que le compremos un asiento al lado de nosotros en el partido. Mi novio y yo nos asustamos, no entendíamos nada, así que nos fuimos corriendo. ☠ Llegamos a la puerta de salida y encontramos dos metros de arena y un mar caribeño transparente, hermosísimo y turquesa, con una mini isla a un lado y dije: “Mira! Parece un fondo de pantalla de Windows”. 🌊🌴 Nos reímos y nos abrazamos. Le dije que teníamos que tomarnos una foto, no podíamos perder esa oportunidad, habíamos encontrado un mar secreto. Sacó su celular y nos tomamos cinco fotos. Yo quería más porque pronto me iba a ir del país, pero ya teníamos que regresar al estadio. Y literalmente en un abrir y cerrar de ojos se hizo de noche y la playa desapareció, dejando como último recuerdo el sonido de las olas retumbando sobre la pared. (Julio 15)

Día 6: escribí tu pesadilla recurrente

En mis sueños suelo estar consciente de que estoy en un sueño. Cuando sucede algo extraño no me altero porque pienso “Estoy en un sueño, no pasa nada”. Incluso he llegado a pensar “Qué increíble sueño, cuando despierte se lo contaré a mi novio”. Pero podría asegurar que en los únicos donde no sucede eso es cuando se me aflojan o caen los dientes. No sucede tan recurrente, a decir verdad, pero son los que más miedo me dan. Quedo inmóvil, perpleja, sin saber cómo sucedió. Me asusto, se lo cuento a quien tenga a mi lado, me miro en el espejo, no reconozco qué me pasa y lloro. Cuando están flojos es peor, juego a moverlos con mi lengua de un lado para otro y sin querer… se salen. Qué impotencia. (Julio 16)

Día 7: escribí una historia en seis palabras

  • Nos miramos, el inicio de todo.
  • Quiso casarse conmigo. Quise estar conmigo.
  • Reservé mesa para dos. No llegó.
  • Tenía una hoja en blanco: volé.
  • Reconoció sus colores, superó los desamores. (Julio 17)

Día 8: buscá una foto en un cajón y escribí lo que está pasando fuera del cuadro

Cumpleaños 5 Cosas de Valeria

“Ya prendan las luces!”, se escucha a una tía gritar. Acabo de cumplir cinco años, eso significa que cuando me pregunten qué edad tengo ya puedo mostrar mi mano abierta. Mi hermana Gabriela está llorando, tiene un año, pero en seguida mi mamá la atiende. Apagué la vela luciendo mi vestido favorito y no soy buena para las fotos, sin embargo, mi familia se esmera en gastarse el rollo. Escucho los pensamientos de al menos tres personas que desean ponerse en primera fila para recibir un pedazo de torta, pero sienten vergüenza. Así que mejor esperan que alguien rompa el hielo y decida orgullosamente ser el glotón del salón. Mientras decoro mi cara de crema de fresa disfrutando del esponjoso cake, recuerdo que antes de soplar me dijeron “Pide un deseo!”. Era una niña, no comprendí nada, no crecí viendo YouTube. Ahora pienso en las malaventuras que pude haber evitado con ese deseo desaprovechado. (Julio 18)

Día 9: escribí acerca de la primera vez que viste a una persona de la que te enamoraste

Ya habíamos tenido un par de conversaciones casuales por chat, pero una de ellas sumamente especial donde no hicimos más que hablar cosas sin sentido. También tocamos temas básicos donde se conoce a la otra persona. Pero lo increíble era que sentía que nunca me había entendido tanto con alguien, pensé que había encontrado un tesoro. Esa noche pensé que quería que fuésemos, al menos, amigos para toda la vida. Al día siguiente me invitó a una reunión en su casa: era la primera vez que nos veríamos. Yo no estaba en uno de mis mejores momentos, pero las ganas de conocer a esta persona, que me quitó el sueño la noche anterior, me podía. Las manos no solo me sudaban, me temblaban. Qué le iba a decir? Le avisé que estaba afuera y me recibió. Él, como si nada. Y yo, nerviosa. No había llegado nadie conocido hasta ese momento, sin embargo me sentía cómoda en el ambiente y me nacieron las ganas de socializar, esas que pocas veces asoman. Saludé, vi que él se fue a la cocina, me senté y al rato regresó y se sentó a mi lado con una sonrisa aparentemente normal que ahora sé que era su sonrisa nerviosa. Me perdonarán por haber tenido pocos días hablando, pero él ya me gustaba y desde ese momento supe que pronto iba a estar perdidamente enamorada de él. (Julio 19)

Día 10: escribí el anuncio de un producto que te gustaría que existiera

Supera tu adicción a la pizza con Pizzonic, la primera pizza electrónica. Mismo sabor, cero calorías. (Julio 20)

Día 11: empezá con “me acuerdo de”

  • Me acuerdo de cuando lo conocí
  • Me acuerdo de las veces que disfrutamos juntos
  • Me acuerdo de que sacaba buenas notas en el colegio
  • Me acuerdo de haber tenido diferentes amigos
  • Me acuerdo de la primera vez que me llegó la regla
  • Me acuerdo de la primera vez que comí encebollado
  • Me acuerdo de la vez que vi un arco iris en la carretera
  • Me acuerdo de haber bailado con emoción
  • Me acuerdo de los truenos retumbando mi ventana
  • Me acuerdo de haber estado nerviosa y que él me tranquilizaba (Julio 21)

Día 12: elegí un objeto de tu casa. Escribí su historia

No recuerdo qué edad tenía cuando lo conocí. Quizá seis, siete u ocho años. Era del tamaño perfecto para mí. Preciso, compacto. Con tiernos dibujos que hasta ahora me hacen erizar la piel y marcar una sonrisa en mi rostro. Siempre fui curiosa, y mientras rebuscaba entre las cosas de mi padre, lo encontré. El Principito fue el primer libro que leí, mi padre estaba orgulloso. No precisaba mucho en el significado que le daba a las metáforas en ese entonces, pero me abrió a un mundo de imaginación del que nunca quise salir. No solo era curiosa, sino traviesa, así que hacía mis propios dibujos en las hojas internas blancas. Conforme fui creciendo lo volvía a leer, cada año, cuidando que ninguna otra hoja se saliera de su sitio. Es un libro pequeño, del tamaño de la palma de mi mano, donde cabe un infinito universo de recuerdos. (Julio 23)

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Hoy es 30 de julio y debo confesar que me aburrí. 😦

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