Un día en Toledo

Desde que decidí estudiar en Madrid, empecé a escuchar que Toledo era un must para visitar. Llevo casi tres meses aquí y recién me aventuré a visitarla. La verdad es que al tenerla tan cerca, pensaba que iba a tener tiempo suficiente para ir y seguía aplazando ese viaje de tan solo cuarenta y cinco minutos. «El tiempo se va, se va y no vuelve», dice Drexler. Del 6 al 9 de diciembre hubo puente por dos días festivos y me iba a pegar un tiro si no salía de la ciudad. Así que mi plan fue pasar un día en Toledo.

Mi vida en manos de extraños

Tenía dos opciones para ir: bus o BlaBlaCar, el Airbnb del transporte. Cualquier persona con auto puede ofrecer un ride a donde vaya por un precio barato. Por ejemplo, de Madrid a Toledo había desde 4€ y dependiendo del horario iba subiendo de precio hasta 8€. En tu perfil de la app colocas si te gusta escuchar música, qué tanto te gusta conversar y si es que te incomoda o no que fumen.

Debo decir que hubo una gran expectativa vs. realidad: pensaba que iba a entrar al auto y me iba a encontrar con gente súper parlanchina, nos íbamos a conocer y ser amigos por siempre. I mean, la app se llama «BlaBla»Car. Pero estuve equivocada tanto en la ida como en la vuelta. Y tampoco me molesta, entre menos interacción tenga, mejor para mí –asocial mode on–. El punto es que no me raptaron y los conductores fueron muy profesionales, amables y manejaron de forma segura. Esa fue mi experiencia, me han contado que hasta se han casado personas que se conocieron en un ride. Evidentemente no fue mi caso, #turupshh.

Saliendo de la ciudad

Me levanté a las 6:40 para bañarme, desayunar y llegar 8:30 al punto de encuentro. El auto llegó a las 8:35 y partimos a Toledo junto a otra chica que siempre viajaba con Luis, un señor muy carismático. Ella se metió en su mundo con su música, yo hice un par de preguntas porque siempre tengo algo que preguntar y luego me puse los audífonos. Llegamos, le agradecí, me despedí y empecé el paseo.

Visita Toledo, decían… Tiene vistas maravillosas, decían…

Toledo en tinieblas

Pregunté si eventualmente la niebla se iría y me dijeron que sí. Ahora, lo jevimetal: Toledo es la mamá de las subidas. Esto ya lo sabía y estaba preparada mentalmente. La verdad es que pensé que iba a ser peor. Pudo haberlo sido. Tenía un poco más de hora y media para pasear porque a las 11 am tenía reservado un free walking tour. Así que recorrí los alrededores de la Plaza Zocodover y, como todo estaba cerrado, me dediqué a vitrinear.

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A todo esto, solo había desayunado un sánduche de queso con jamón y café, y no es noticia que soy una muerta de hambre. Me instalé al pie de la plaza a redesayunar en Café y Tapas hasta que llegaran las 10:50.

Bebí el último sorbo de jugo de naranja y fui a encontrarme con el grupo del free walking tour. Pero antes fui a hacer pis: mi mamá me enseñó a siempre ir al baño antes de salir o viajar a cualquier lado. Llegué y esperamos a que sean las 11 am para empezar el trayecto. Nuestro guía era un toledano que estaba por dar su último tour como practicante. Se llamaba Adrián y nos hablaba con el humor sarcástico típico de los españoles que me encanta. El sarcasmo es mi modus operandi.

Toledo: una ciudad llena de historias

Adrián nos contaba que la iglesia San Vicente era una iglesia donde lo que menos se hacía era rezar. Es decir, no ejerce su grado de iglesia. El lugar se lo usa para ferias, exposiciones, comer, beber e ir de fiesta. «Se podría decir que ahora hay más fieles que antes», comentó el guía y yo procedí a morir de risa.

Antes era común «robar calles» cuando un propietario era dueño de dos terrenos juntos. Resulta que el parroco de la iglesia robó una calle. Colocó una puerta de rejas y cada cierto tiempo ponía a alguien a cobrar peaje para cruzar al otro lado. La gente, aunque se quejaba, igual pagaba porque sino le tocaba rodear toda la cuadra y, pues, las personas valoramos más nuestro tiempo que el dinero. Luego vino de visita «ni sé qué persona importante que no recuerdo porque no anoté el nombre y mi memoria es pésima» y prohibió que cobraran en dicha calle, la que finalmente llamaron «Esta calle es de Toledo».

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También nos contó la leyenda de Isabel y Don Diego. Era invierno y Don Diego fue a la guerra, como Mambrú. Su mujer, Isabel, vivía preocupada. (Recuerda que no había WhatsApp para avisar que estabas bien). Un día, ella decidió salir de su casa y postrarse a rezar por que su amado esposo regrese bien, imagínala arrodillada en tal imaginable e insoportable frío. Rezó tres días seguidos en el mismo lugar. Sus sirvientas la iban a despertar pinchándola suavemente con un alfiler e Isabel los ofrecía como ofrenda a la Virgen y seguía rezando. Hasta que al tercer día llegó Don Diego sano y salvo. Las plegarias de Isabel dieron frutos. Ahora se dice que quien quiera encontrar el amor y tener novio, debe dejar un alfiler en ese lugar.

Por último –de lo que me llamó la atención del tour–, nos contó que en realidad el mazapán fue inventado por los musulmanes. El mazapán es un dulce a base de almendras, azúcar y huevo. Es delicioso. Comí solo uno porque quería regresar a casa en cuatro ruedas, no ser yo quien viaje rodando. Entonces: los musulmanes los hacían en forma de anguila y lo más loco es que les dibujaban escamas en la masita porque en la dieta kosher no les permitían comer animales marinos sin escamas. #Flipante. Por cierto, en Toledo convivían musulmanes, cristianos y judíos, por eso se la conoce como la ciudad de las tres culturas.

All by myself

Play it.

Luego del paseo súper corto de dos horas donde solo caminamos y no entramos a ningún lugar, fui a visitar la Mezquita del Cristo de la Cruz. Me dijeron que valía la pena. La verdad es que creo que pude haber prescindido de ella. No compré la audioguía, quizá así la hubiera disfrutado más que con los folletos. En fin, ya eran las 13:00 y a las 15:20 tenía que regresar donde me dejaron para ir de vuelta a Madrid. Tenía poco tiempo.

Mirador de la mezquita

Hasta el momento todavía no había ido a un mirador más top, así que decidí ir al más cercano a la salida del casco histórico. Caminé bastante y seguí el mapa. Amo leer mapas y no sé por qué. Soy muy desubicada, mi inteligencia espacial deja mucho que desear. Como es evidente, tuve que subir ciento quinientos escalones. La plena que me estaba ahogando entre el cansancio + frío + sudor. Llegué a la cima y no me dio ni una pizca de ganas de tomarme una foto de lo cansada que estaba. Pero lo hice solo por el recuerdo (que no publicaré).

Starway to heaven
Toledo desde arriba
Una vista hermosa

No había comido nada desde las 10:50 y ya eran las 14:00. Necesitaba almorzar. Decidí ir a la salida y buscar un restaurante cercano. Encontré uno con pinta decente y fui a lo seguro: pizza.

Lo curioso aquí es cómo llegué a la salida. Existen escaleras eléctricas para subir y bajar del casco histórico. Sí, tal cual. Estaban al pie del mirador y bajé por ellas. Menos mal porque mi cuerpo no daba más. Hasta que oh, sorpresa. No me llevó a la salida a la que yo debía ir, así que tuve que caminar 8 minutos más y subir lomas. Llegué a la pizzería exhausta.

Terminé de comer y di una vuelta de reconocimiento de área hasta que el BlaBlaCar llegó.

Me faltó muchísimo por conocer, no estuve más que seis horas. Toledo, quiero que nos volvamos a encontrar.

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