Viaje a Islandia: Sobreviviendo la primera noche

Disfruto de todas las partes que conforman un viaje, entre ellas una de las más importantes: la planificación. 📆 Como en todos mis viajes, preparé una hoja de cálculo con presupuesto, enlaces donde comprar lo que necesitaba, itinerario, tours, transporte, etc. Me organicé desde noviembre cuando oficialmente compré el boleto de avión y en diciembre ya tenía todo listo. Por lo que, cuando algo no sale como lo preveo, primero lo resuelvo, luego me frustro porque pude haberlo evitado de alguna forma y finalmente lo dejo ir. 🍃 I got no control about anything at all.

Antes de continuar, puedes leer la primera publicación de la saga Islandia para conocer mejor mi experiencia: Pensamientos antes de viajar.

Viajé en la aerolínea de bajo coste Norwegian. El boleto no fue tan barato porque lo compré solo con dos meses de anticipación. Si algún día te quieres aventurar a Islandia, te recomiendo comprarlo con más meses de antelación para obtener mejores ofertas. 🤑 Solo me incluía maleta de mano que fue suficiente para los cuatro días porque también viajé con mochila. La verdad es que me preocupé por que no se pasaran del peso ni por un gramo. Al final y ni las pesaron, igual no hubiera podido meter más cosas porque estaban a estallar. Como cualquier aerolínea de bajo coste, la comida y la reserva de asiento había que comprarlas aparte. La comida solo la pagué de ida porque iba a llegar de noche directo a un tour. ¿Asiento reservado? Pa’ qué si iba a viajar sola. Al final el azar estuvo de mi lado: me senté en el pasillo. 💪

Avión de Madrid a Reikiavik
La selfie emocionada con un niño atrás que extrañamente se parece a mí, podría ser mi hijo.
Almuerzo en el avión
Camote, coliflor y pollo BBQ picante. Estuvo muy rico. 😋 Las bebidas no estaban incluidas y eso yo no lo sabía. Pedí agua, me dieron una pequeña Solán de Cabras con un «Son 2 euros». Mi cara de pena y desconcierto lo acompañé del «Pensé que era gratis». El azafato me sonrió y me dijo que no le dijera a nadie. Me la regaló.

Después de cuatro horas en el cielo, llegué. El aeropuerto superó mis expectativas. Estaba súper lindo y como buena montubia me acercaba a tomar fotos, mientras el resto de humanos pasaba como si no fuera gran cosa. Yo estaba maravillada, pero a ver, tampoco soy difícil de sorprender.

Mural en Keflavik

Mural del artista islandés Erró. Réplica de su pintura Silver Sable Saga.

Aterricé en Reikiavik a las 18:30 y tenía mi boleto de bus hacia el centro para las 19:30, lo compré en la página de Terravision que opera con Grayline. Tuve suficiente tiempo para tomarle fotos al aeropuerto y perderme. En la salida estaban dos compañías de buses –ninguna era la mía–, algunos locales de alquiler de autos y un supermarket que ni me atreví a husmear. Me acerqué a los dos counters a preguntar por mi bus y me dijeron que suele haber una chica con unas ciertas características y un cartel. La chica no estaba y yo necesitaba estar a las 20:30 en una parada del centro porque me iban a recoger para ir al primer tour. Eran las 19:29. Entré en pánico.

Llamé tres veces a Grayline, pero ya estaban fuera del horario de atención. No iba a esperar más. Me acerqué nuevamente y pregunté en cuánto tiempo salía el siguiente bus al centro y me dijeron «en cinco minutos». DEME 100, le dije. 💸 Ni bien me dio el ticket, salí volando hacia el parqueadero para embarcarme. Pude elegir, por un precio más alto, la parada exacta en la que quería quedarme. Por supuesto, elegí la de mi tour. En Reikiavik todas las paradas tienen número, es fácil ubicarse. Yo las tenía guardadas en Google Maps y además anotadas en mi bloc de notas con todo el itinerario.

Hacía frío, mucho frío. Sin embargo, yo estaba más que lista: camiseta, suéter de lana, pantalón térmico, chaqueta, guantes, gorro y bufanda. De alguna forma el frío es manejable. Pero el viento… 🤯 Uf, el viento… Mis respetos al viento. En otra publicación te contaré sobre eso. Me senté en uno de los pocos asientos que quedaban. Pude intuir que muchas de las personas que estaban ahí eran viajeros solitarios como yo, lo veía en sus miradas.

Saqué mi celular para escribirle un correo a la agencia de viajes para reconfirmar la parada en la que me recogerían. Yo estaba segura de que era la #10, pero ¿y si había anotado mal todo este tiempo? No podía jugármela de esa forma, iba a ir al tour más importante de todos, iba a salir en búsqueda de mi sueño de ver auroras boreales. 💜 Además, necesitaba saber que lo que estaba por vivir era real, que no me habían estafado. «Regarding your booking, we had to take the decision to cancel the Northern Lights Tour this evening. Would you like to be rebooked tomorrow?», fue su respuesta inmediata.

Escuché mi corazón quebrarse, pero también sentí alivio. No había forma de llegar puntual. Si es que el tour no se hubiera cancelado, lo habría perdido por llegar tarde. Estaba sentada junto a la ventana viendo el oscuro paisaje. No se distinguía nada. Nos desviamos por una calle a la derecha y visualicé una pequeña edificación de una planta. Nos detuvimos en la entrada. Todos comenzaron a bajar. Ese definitivamente no era el centro ni mi parada, yo iba revisando el mapa todo el camino. ¿Tenía que bajarme también?

Me acerqué al chofer, desempolvé mi inglés y le pregunté por qué nos detuvimos ahí. Me dijo que tenía que bajarme en esa estación porque pronto vendría un bus específico que me llevaría a la parada #10. 🚌 Había unas ocho personas más esperando. El lugar era acogedor y muy peculiar, como el alma de Islandia, con mesas y un bar para amenizar la espera. Me acerqué al encargado –vamos a llamarlo Jack– a preguntarle en cuánto llegaba el bus. Me dijo que en 15 minutos, pero yo me resigné a que fuera en media hora.

Estación de buses

Estación de buses
Se puede apreciar a Jack del lado izquierdo

Tal como imaginé, demoraría más. Jack se nos acercó apenado a decírnoslo y a preguntar si queríamos una cerveza. Dije que no, estaba justa de dinero y ya sabía que la comida y bebida en Islandia eran caras. Vi una pareja que aceptó la propuesta de la cerveza artesanal regresar a la mesa con dos vasos dorados y burbujeantes. En ningún momento los vi pagar, a lo que me paré y fui donde Jack. «¡Me hubieras dicho que era gratis! Sí quiero», le dije. Escuché sus risas. Los islandeses son muy amables, luego te contaré la historia de cómo terminé en un carro con una extraña. El tiempo pasó rápido y me embarqué en el tan esperado bus.

A continuación, el segundo «entré en pánico».

Cerveza gratis
Pero antes, appreciation picture 🍺

Como mi entrada al hostal era pasadas las 18:00, debía ingresar por mi cuenta con las indicaciones que me enviaron por correo. Mi hostal estaba ubicado en la calle principal de Reikiavik, un paseo de luces y campanas maravilloso que me hacía sentir en un cuento. El hostal no estaba al pie de la acera, sino que había que caminar por una pequeña calle cubierta de hielo para llegar. Llovía. Daba un paso cada cinco segundos. Los contaba para mantener la respiración y concentración, me estaba resbalando fácilmente. La puerta blanca mencionada en el correo no estaba. Vi una puerta de rejas, la toqué para ver si se abría y poder buscar del otro lado, pero nada.

101 Hostel
La puerta de rejas y una puerta que no es blanca. Esta foto y las dos siguientes no las tomé la primera noche.
Sueño con hielo
Esto no es nada en comparación a cómo estaba cuando llegué, aquí ya está derretido el hielo –y no estaba lloviendo–.
Callejón
Imagina esta calle con diez veces más hielo, con las tiendas de al frente cerradas, todo a oscuras.

Di media vuelta para regresar a la principal y meterme en el callejón paralelo. Quizá había que acceder por ese lado. Ahí no había tierra ni hielo, solo nieve. Mis zapatos se hundían 10 cm en cada pisada. No había ningún indicio de estar en la dirección correcta, así que volví a dar media vuelta. Caminé nuevamente por el camino de hielo, cargando mi maleta de mano mientras trataba de mantener el equilibrio con la lluvia golpeando mi chaqueta impermeable. Miré las puertas, toqué las ventanas… Ese lugar era tierra de nadie. Me imaginé perdiendo el control, llorando en medio de la calle desierta y durmiendo sobre un escalón.

En lugar de tocar fondo, decidí pensar en más soluciones. Era claro que no había nadie ahí. Pero nada perdía llamando a los números del hostal. Busqué en los correos y un hombre respondió. Me dijo que abriera la puerta de rejas, que detrás estaba la puerta blanca por la que tenía que acceder. Le dije que estaba cerrada, me dijo que la empujara fuerte porque era magnética. Respiré, le agradecí y cerré la llamada.

Afuera de mi habitación había un papel con mi nombre escrito a mano. Abrí la puerta color verde y me encontré con las escaleras más horribles que me ha tocado subir y bajar. 😕 Eran casi verticales. #RandomFact: Me da miedo, en general, bajar escaleras porque pienso que me voy a caer. Imagínate esas. Subí. Había tres literas y una cama individual, mi nombre estaba en esta última. En una litera estaba el nombre de alguien también, con sus cosas. Éramos dos en esa habitación.

Después de inspeccionar el baño y la cocina que estaban abajo, regresé para alistar la ropa del tour Golden Circle que tenía al día siguiente. Volví a revisar mi ticket en la app de GetYourGuide y me encontré con unas pequeñas letras que decían que debía canjear el ticket digital por uno físico en las oficinas de Grayline. What… Me quería morir. Las oficinas abrían a las 8:00 y mi bus me recogía a las 8:30. Iba a ser maratónico.

Habitación de 101 Hostel
Lista para dormir

Mientras arreglaba todo, surgió el tercer «entré en pánico». Escuché que alguien entró al hostal y luego, a mi habitación. Era un hombre alto, robusto y de tez negra. No te voy a mentir: me dio miedo. Me saludó con una sonrisa, recogió algo de su maleta, se despidió amablemente y volvió a irse. No podía hacer más que confiar en que era un ser de luz y que no iba a aprovecharse de mí. Pero vamos, que estar sola en un hostal con un hombre desconocido sí era lámpara. Yo esperaba encontrarme con muchas personas de distintas partes del mundo con quienes compartir experiencias.

Hasta terminar de arreglar mi vida me dieron las 23:30, faltaba media hora para mi cumpleaños. Estaba muy cansada, pero decidí esperar hasta las 00:00 para las felicitaciones. 🥳 Posterior a ellas, me acomodé para dormir plácidamente con un ojo semiabierto para corroborar que «Mujer ecuatoriana de 27 años muere asesinada en Islandia» no iba a ser el titular de los próximos días. Y no lo fue.

PD: Mi madre no puede saber nada de esto.

Calles de Reikiavik
🎶 Hay un cuento que me trajo un día el viento, que me enseña a reír, que da ganas de vivir. 🎶 

Un comentario en “Viaje a Islandia: Sobreviviendo la primera noche

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s