Los puntos cardinales de mi vida

Muy buenos días, tardes, noches, lo que mejor se adapte a la rotación de la tierra ahora. Toma asiento o no, sé que a veces es más cómodo estar parado, pero, por favor, que nunca paren los pensamientos y diablos mentales.

(O quizá eso último sí).

Agarra una brújula que no quiero que te pierdas. Es lindo perderse en una mirada, en una ciudad que grita sorpresas, en una papelería con muchos colores y en una feria de comida. Uf, comida. Pero ahora no, hoy es momento de encontrarse.

(Te quiero) hablar claro. Hay cosas que ya no poseo ni extraño, que en mis delirios pasados me atormentaron para bien y para mal (qué cosa más rara el bien y el mal), pero que hoy sus apariciones no me van ni me vienen. Solo se van. Se fueron. Hay otras (cosas) que tengo y que quisiera eliminar de este trastero llamado vida. También guardo lo que quiero, por supuesto, y dejo espacio para lo que quisiera.

El sur

Aquí empieza el viaje. Con lo que dejo atrás.

Se me acabaron las ganas de perder el tiempo, de soportar actitudes que no aportan a nadie. El papel de víctima se me gastó y cualquier rollo ambiguo lo he sepultado donde ni yo puedo rebuscar aunque quisiera. Es muy fácil jugar al débil. Eso no quiere decir que sea fuerte.

También me ha agotado la falta de reciprocidad. De esa gente espero encontrarme menos por las piedras en las que no dejaré de tropezar (o torpe-zar, tú dirás)

Despotricarme a mí misma ya no es plan.

El oeste

A mi izquierda guardo a lo que no quisiera estar aferrada. Abrazo mis sobrepensamientos, mis más engreídos sobrepensamientos. Los sostengo con ahínco y necedad, quieren ser libres y no lo permito. ¿Quién no se alimenta de su egoísmo? Meneo mis miedos, se divierten entre sonrisas mal distribuidas y deseos imposibles; los malditos miedos. La atención me pide ser atendida.

Mi mente vaga en ucronías que saltan del pasado al futuro, dejando al presente despojado, el pobre presente que solo quiere ser apreciado.

El este

El primer cajón de cualquier mueble suele guardar lo más importante. O bueno, lo más útil, no siempre es lo mismo. En mi caso, una tijera, cinta y vinchas para el cabello. También conservo mi ingenuidad. Quien tenga la llave podrá acceder a ella.

Pero a quién quiero engañar, puedo ser ingenua con quien sea.

(Tampoco tiene llave).

La lista del inventario la encabeza el humor. Si lo pierdo, por favor, contáctame cuanto antes. Pero no te contestaré a la primera llamada. Le sigue mi apetito por reinventarme. Tomar algo que no funciona y transformarlo en algo que sí. Trato de mantener cuerda mi capacidad de distinguir lo positivo de las adversidades. Tengo la suerte de rodearme de gente que lo hace. Que no me suelten nunca. Conservo, de igual manera, mis ganas de no tener ganas de aparentar ser perfecta.

El norte

Quiero encontrarlo. ¿Hay una edad para ello? Digo, para estar pendiente. Solo cuando logre vaciar el sur de mis circunstancias podré darle espacio a mi norte.

(Cuánta falsedad).

El norte no existiría sin el sur.

Hoy son esas las cosas que quisiera eliminar. Mañana ya no estarán, pero vendrán otras a ocupar su lugar. Los ciclos del querer tampoco saben de lógica. Ni tú ni yo sabemos dónde estamos, la brújula fue solo una formalidad.


Un comentario en “Los puntos cardinales de mi vida

  1. El norte, el sur, el este y el oeste son solo direcciones. Referencias que parten de un punto. Aquel punto, el más importante, eres tú, el centro, donde te encuentras ahora. Estoy seguro que encontrarás tu camino.

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