Amar tu cuerpo no es una obligación

A lo largo de los últimos años he tenido mis etapas «fit» en las que hacía dieta y ejercicio como fanática religiosa, motivada a mejorar mi salud como efecto colateral porque sobre todo quería verme «bien», ser flaca; mi autoestima no era –ni es– la mejor. Cuando al fin bajaba, pensaba wao, amo mi cuerpo y cómo me veo. Pero cuando volvía a subir, eso se desvanecía. Otra vez dejaba de quererme –si es que en algún momento realmente lo hice–. Sí es cierto que cuando te sientes bien con tu aspecto físico, también te sientes mejor por dentro. Y al revés, en teoría. ¿Pero y si no?

Hoy estoy más 🐷 que hace un año, la ansiedad me ha jugado una mala pasada y me descontrolé un poquito bastante. La ropa no me queda. Estoy especialmente sorprendida por eso porque al ver que no me quedaba, no me deprimí. No me achaqué. No me hablé feo. Tan solo me reí y dije: «Ok, a ponerse las pilas». Bue, pa’ que te voy a mentir, también dije: «Qué verga». 😂🤡

Me duele el corazón y el alma recordar todas las veces que insulté mi cuerpo en el pasado.

Veo mi panza, mi tímido ombligo, mis mantequillosos brazos, y no los toco ni miro con odio. Los acaricio con amor. ¿Que me gustan? No, no es mi complexión favorita. Y no quiere decir que no los ame. Como con tu pareja, ¿sabes? Tiene cosas que no te gustan y la amas de todas formas –se supone 👀–. Es que tampoco representan salud. Quiero cuidar mi cuerpo. Cuidarme. 💖 Por otra parte, esta semana encontré una foto mía de hace dos años cuando estaba flaquísima y no me reconocí, pensé que era mi hermana porque no se veía mi cara. La vi durante un minuto y fui sincera conmigo: no me gusté tan flaca: cero gracia, cero agarre (😏). Así que creo que estoy destinada a tener un cuerpo renacentista por decisión propia.

Nos autodestruimos cada vez que dejamos de sentirnos merecedoras, cada vez que nos censuramos, nos juzgamos, nos criticamos… Cada vez que nos miramos al espejo y nos etiquetamos como «no aceptables» dentro del circo social. Cada vez que aplicamos sobre nosotras mismas una mirada parcial, que no ve la totalidad de lo que somos y se queda atrapada en una parte diminuta de nosotras mismas.

Myriam Peña Sánchez-Garrido – La Mujer Oceánica

Hace poco se cruzó por mis historias de Instagram el video de un psicólogo que explica cosas de psicología con humor, a quien ahora amo. En él hablaba sobre aceptar tu cuerpo vs. querer cambiarlo. Algo que dijo y que no había reconocido antes es que, así como existe la presión de entrar en un molde de belleza definida por la sociedad, también existe la presión de amar tu cuerpo. Que si no lo amas ni lo aceptas, estás mal, eres lo peor. ¡Y es tan cierto! 😱 Llegas a sentirte mal por no hacerlo. ¿Te ha pasado? Lo ideal es encontrar el equilibrio, aceptarte y realizar cambios no restrictivos. Adaptarte. El man lo explica mucho mejor que yo, te dejo su video aquí

Cuando sentimos que algo es una imposición, nos genera rechazo y dificultad para aceptarlo. Un ejemplo sencillo: en casa con mis padres me arrechaba que me obligaran a lavar los platos. Cuando los lavaba bajo una orden, lo hacía amargada. Pero cuando nacía de mí o me lo pedían de favor, todo bien. Nada ni nadie, por más que te digan que eres hermoso o «perfecto», va a hacer que te aceptes y ames como eres. Y que no te lo digan también afecta, ¿no? Hay presión por todo lado. Qué compleja la mente humana…

Nos dijeron que nadie nos iba a querer si nos veíamos «pasaditas de peso». Y quiero parafrasear dos cosas al respecto.

  1. En la película Eat Pray Love (la vi hace poco recién jejem, el libro no lo he leído), Elizabeth le pregunta a su amiga cuántas veces un hombre se ha ido de la habitación al verla desnuda (que btw no era gorda ni a bala, pero ella se sentía insegura). Le responde que nunca. A lo que Elizabeth le dice ahí ta, ya te tienen y no les importa si tienes o no rollitos. MIJA, CÓMASE LA PUTA PIZZA. 🍕
  2. Hace poco un amigo me dijo que no entiende por qué a las mujeres les da vergüenza tener celulitis y estrías, si eso a los hombres no les importa. Es más, que les gusta, porque son líneas, texturas y pieles reales, no las de modelos editadas que hay en vallas publicitarias o anuncios en Instagram. Yo eso no lo sabía. 🤔 Sí que hay hombres que las critican, por supuesto, pero nunca pensé que también existirían los que aprecien la belleza real.

Quiero hacer una aclaración: que no te importe lo que piensen los hombres –y las mujeres también–. De hecho antes me solía preocupar más qué dirían las mujeres que los hombres sobre mis piernas y su piel de naranja, por eso nunca usaba short o vestido. Desde hace unos años y ahora es lo que más uso. 💃 Cuando te preocupas de qué pensará el resto acerca de tu cuerpo, le estás dando tu poder y estás decretando que vales menos. El valor te lo das .

Este proceso de aceptación lo empecé hace seis años, pero siento que mi perspectiva dio un giro real e inesperado gracias a un libro llamado La Mujer Oceánica. La recomendación que tengo hasta el momento es que nunca dejes de cuestionarte y de conocer tu cuerpo, reconocerlo como un espejo de la naturaleza, de honrarlo y cuidarlo. 🍃🙏💕 Y también buscar tus propios medios y el camino para llegar a hacerlo de la manera que más se adapte a ti.

Este libro nos enseña a reencontrarnos con la belleza propia de nuestro cuerpo de mujer; sus páginas nos guían paso a paso hacia aquellas partes de nosotras que hemos dejado relegadas, a fin de que las reactivemos y las pongamos al servicio de nuestro propio proceso de transformación.

La Mujer Oceánica

Tampoco olvidemos que hay mujeres y hombres que ya son delgados e incluso quieren serlo más porque se sienten gordos y feos. Así que el físico es solo una excusa, las raíces del issue están en el interior. La sociedad es una mierda, eso nadie lo discute. Pero también nos olvidamos que nosotros mismos formamos parte de ella y que el cambio empieza en uno, en cómo te tratas y hablas a ti mismo.

Lo más importante que he podido identificar es que no dejé de odiar mi cuerpo porque quise y ya, sino lo habría hecho desde hace muchos años. Necesité ser consciente del valor y el poder espiritual que tiene mi cuerpo para poder amarlo sin importar cómo se ve. Nadie te dice por qué y para qué debes quererlo y apreciarlo. Solo te dicen que lo hagas.

✨ No sientas obligación de amarlo. Primero conócelo, el resto viene por añadidura.

Critica(te) menos, ama(te) más. A conciencia. A tu ritmo. 🌸


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Un comentario en “Amar tu cuerpo no es una obligación

  1. Es curioso como los hombres las vemos hermosas tal como son. Y mientras más reales más hermosas, más sexys y atractivas porque así son y así las deseamos. Es horrible verlas odiándose, aguantándose las ganas de comer y beber, avergonzadas apagando la luz o sin sacarse la blusa.

    Mientras nosotros, con nuestra verdadera panza bielera más grande que tu cabeza, caminamos desnudos sin vergüenza alguna a cerrar la cortina porque te incomoda la luz.

    Es bueno amarse y es bueno cuidar tu salud. Te felicito por los avances. Sigue así.

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